En 2025, el comercio electrónico en Argentina creció un 60% en términos nominales y un 22% en términos reales, según la Cámara Argentina de Comercio Electrónico. Se vendieron 645 millones de unidades online.
Por Andrés Tejeda (NODO)
La dinámica del consumo no solo está atada a la macro, sino a un cambio profundo de hábitos. Rotación de inventario, pedidos automatizados, previsión de demanda, trato con proveedores y trazabilidad de los productos, son factores ineludibles.
En 2025, el comercio electrónico en Argentina creció un 60% en términos nominales y un 22% en términos reales, según la Cámara Argentina de Comercio Electrónico. Se vendieron 645 millones de unidades online.
El consumidor de hoy compra distinto, prioriza rapidez, conveniencia y la certeza de que lo que pide llega cuando prometieron. En ese nuevo contrato tácito, la logística es protagonista. Y ese es el problema de muchas PyMEs.
Durante décadas, la lógica minorista fue simple: recibir mercadería, acomodarla en el local o el depósito, y entregarla cuando el cliente la pedía. La logística era un área de apoyo, casi invisible. Un costo necesario, no una herramienta estratégica. Esa lógica quedó obsoleta.
La logística moderna implica análisis de rotación de inventario, puntos de pedido automatizados, previsión de demanda, negociación con proveedores en función de frecuencia de reposición, trazabilidad de los productos y control de la última milla.
No es terminología reservada a grandes corporaciones: es la diferencia entre comprar bien o financiar sobrestock. Entre poder competir en precio o trasladarle al cliente los costos de una gestión ineficiente. Una empresa que compra mal, almacena mal y distribuye mal inevitablemente pierde competitividad.
Mercado Libre aterrizó en la Patagonia
Mercado Libre anunció vuelos directos de carga a Neuquén para reducir los tiempos de entrega en la región. Con una inversión de USD 3.400 millones para 2026, está construyendo una infraestructura logística que no tiene precedentes en el país.
El impacto local es simple y urgente: el consumidor patagónico empezará a acostumbrarse a tiempos de entrega más cortos y costos logísticos más bajos. La vara competitiva sube. Y muchas PyMEs regionales todavía están paradas en el escalón anterior.
El comercio local no necesariamente desaparece frente a los gigantes digitales. Lo que desaparece es el comercio que no se transforma.
El problema no es Mercado Libre. El problema es que muchos comercios locales no tienen claro cuánto les cuesta realmente cada producto que venden, cuánto tiempo tarda en rotar, ni cuánto capital tienen inmovilizado en mercadería que no se mueve.
Lo que el mundo ya aprendió
En Estados Unidos, las ferreterías independientes agrupadas bajo la cooperativa Ace Hardware comparten plataforma tecnológica, poder de compra y logística centralizada. Cada local sigue siendo de un dueño independiente, pero negocia como si fuera una cadena.
En Amberes, Bélgica, siete grandes empresas unieron sus entregas bajo una iniciativa colaborativa y lograron reducir en más de un cuarto los kilómetros recorridos. En La Rochelle, Francia, un centro logístico compartido entre comercios independientes lleva más de diez años operando y se convirtió en referencia mundial del modelo.
Transformar la logística no requiere una inversión millonaria. Requiere empezar por lo básico: clasificar productos según su rotación (qué se vende rápido, qué se mueve lento, qué no se mueve), definir puntos de pedido para gestionar el stock, y negociar con proveedores entregas eficientes.
El siguiente paso es la omnicanalidad mínima viable: retiro en tienda para pedidos online, entrega local rápida en radio acotado, y acuerdos entre comercios del mismo barrio o ciudad para compartir un repartidor o un punto de retiro común. Ninguna de estas acciones requiere tecnología sofisticada. Requieren decisión y coordinación.
La Patagonia tiene una oportunidad que no debería subestimarse: construir esquemas logísticos regionales que conviertan la distancia geográfica —históricamente una desventaja— en un ecosistema eficiente y propio.
Un hub logístico compartido en el Alto Valle, una red de puntos de retiro en Neuquén y sus ciudades vecinas, una cooperativa de compras para rubros clave: ninguna de estas ideas es nueva. Lo nuevo sería que la región las implemente antes de que la presión externa las vuelva urgentes.
