La psicóloga Julietas Cardenas explicó en diálogo con ANR las dificultades para detectar el autismo en mujeres adultas, el impacto del camuflaje social y la importancia del diagnóstico para mejorar la calidad de vida.
Durante años, muchas mujeres atravesaron su infancia, adolescencia e incluso gran parte de su vida adulta sintiéndose diferentes, sin encontrar una explicación clara. Según detalló la psicóloga Julietas Cardenas en diálogo con ANR, recién en los últimos años, y a partir de una mayor visibilización del autismo en mujeres, comenzaron a aparecer diagnósticos que permiten comprender situaciones que antes eran atribuidas únicamente a la timidez, la ansiedad o problemas de adaptación.
La psicóloga especializada en neurodiversidad explicó que uno de los principales obstáculos es el denominado “camuflaje”, una estrategia mediante la cual las personas aprenden a observar y copiar conductas sociales para encajar en distintos ámbitos. Ese esfuerzo constante suele dificultar la detección temprana del trastorno y genera un importante desgaste emocional y físico.
Entre las características más frecuentes aparecen la hipersensibilidad sensorial, la necesidad de previsibilidad, la dificultad para afrontar cambios repentinos, intereses muy intensos en temas específicos y una marcada sensibilidad auditiva. Según indicó la profesional, muchas personas perciben sonidos, texturas o estímulos cotidianos con una intensidad mucho mayor que el resto, lo que puede derivar en agotamiento extremo.
La psicóloga señaló que muchas personas reciben cuestionamientos sobre un posible autismo, incluso dentro de su círculo más cercano. «Pudiste hacerlo durante años, ¿por qué ahora no podés?», es una de las frases que suelen escuchar quienes comienzan a solicitar pequeños cambios en su rutina para sentirse mejor. Sin embargo, explicó que detrás de esa aparente normalidad existe un enorme desgaste acumulado. “Para que una persona haya podido sostener determinadas situaciones durante tanto tiempo, hizo un esfuerzo físico y mental muy grande que quienes están afuera muchas veces no llegan a ver”, sostuvo.
Uno de los aspectos que más preocupa en el autismo en mujeres adultas es el impacto que esta situación tiene en la vida laboral. La especialista relató que existen casos de personas que desarrollaron carreras completas antes de descubrir su condición. En algunos casos, el diagnóstico llega cuando ya no pueden sostener el nivel de exigencia que implicaba su actividad cotidiana y deben replantear por completo su proyecto de vida.
“La sociedad todavía no está adaptada para recibir a las personas autistas”, sostuvo la profesional, quien remarcó que muchas veces no se requieren grandes cambios, sino pequeñas adaptaciones vinculadas al ruido, la organización de los espacios o la comprensión de determinadas necesidades.
En ese sentido, señaló que el diagnóstico no busca etiquetar ni patologizar, sino brindar respuestas a interrogantes que acompañaron a muchas mujeres desde la infancia. También permite acceder a estrategias, apoyos y herramientas que mejoran significativamente la calidad de vida.
La especialista remarcó que muchas dificultades son invisibles para quienes no las atraviesan. Comparó la situación con otros problemas de salud mental, como la ansiedad o la depresión, que suelen ser minimizados con frases como «levantate» o «hacé algo». En el caso de las personas autistas, aseguró que no se trata de una cuestión de voluntad, sino de necesidades neurológicas concretas que afectan su forma de interactuar con el entorno.
La especialista advirtió además que numerosos casos son confundidos durante años con cuadros de ansiedad o depresión. Por eso consideró fundamental que más profesionales se capaciten en la temática y que exista una mayor difusión sobre cómo se manifiesta el autismo en mujeres adultas.
Finalmente, destacó que la información y la concientización son claves para construir entornos más inclusivos. “La idea es que ya dejen de ser las raras”, afirmó al referirse a aquellas mujeres que durante años convivieron con la sensación de no encajar sin saber realmente por qué.
