Científicos chinos han optimizado un proceso químico desarrollado en la Segunda Guerra Mundial para convertir carbón en combustibles con menores emisiones, buscando reducir la dependencia del petróleo.
China está impulsando su transición energética y seguridad nacional mediante la adaptación de una tecnología histórica. Se trata del proceso Fischer-Tropsch, desarrollado originalmente por Alemania durante la Segunda Guerra Mundial para producir combustibles a partir de carbón.
Un equipo de la Universidad de Pekín ha logrado modificar este método, tradicionalmente contaminante y costoso, añadiendo pequeñas cantidades de bromuro de metilo al proceso catalítico. Según reporta la agencia estatal Xinhua, esta innovación reduce drásticamente las emisiones de dióxido de carbono del proceso, pasando de casi un 30% a menos del 1%.
La tecnología permite transformar el gas de síntesis (syngas), derivado del carbón, en combustibles y productos químicos con un menor impacto ambiental. Este avance se enmarca en una estrategia más amplia de China para fortalecer su independencia energética, aprovechando sus vastas reservas de carbón y reduciendo la vulnerabilidad a crisis internacionales y fluctuaciones en el precio del petróleo.
Analistas señalan que el interés de Pekín por estas alternativas se ha intensificado en un contexto de tensión comercial con Estados Unidos y de volatilidad en los mercados energéticos globales, como el provocado por el conflicto en Medio Oriente. El objetivo es disminuir la dependencia de importaciones petroleras y de rutas marítimas estratégicas.
