El crecimiento del Producto Bruto Geográfico de Neuquén alcanzaría el 31,7% entre 2022 y 2025, impulsado por Vaca Muerta. Sin embargo, persisten profundas desigualdades entre localidades que acceden a los beneficios del boom energético y otras que aún carecen de servicios básicos.
El fenómeno económico que vive Neuquén ya dejó de ser una promesa y se transformó en una evidencia estadística. Los números del economista Lorenzo Sigaut Gravina muestran una provincia que parece haberse desacoplado de la crisis estructural del país, con un crecimiento estimado del Producto Bruto Geográfico del 31,7% entre 2022 y 2025. Esta realidad define a Neuquén y Río Negro como un “microclima” dentro de la economía nacional, impulsado por el desarrollo energético de Vaca Muerta y la infraestructura exportadora asociada.
Sin embargo, esa idea de microclima también puede trasladarse hacia el interior de la propia provincia, donde aparece otra realidad debajo de las inversiones multimillonarias. En territorio neuquino persisten profundas diferencias internas vinculadas a la disponibilidad de recursos, la capacidad de gestión y las iniciativas políticas de cada una de las 57 localidades con representación institucional. La provincia funciona así a dos velocidades: una integrada al circuito global de la energía y otra que depende de soluciones precarias.
Esta convivencia entre riqueza extraordinaria y necesidades básicas pendientes expone uno de los principales desafíos del Neuquén actual. El crecimiento récord convive con parajes y comunidades donde todavía persisten problemas elementales de infraestructura y servicios. Añelo sintetiza parte de esta contradicción institucional. Durante años fue presentada como el símbolo del boom petrolero argentino, aunque recién el año pasado comenzó a resolverse la extensión del gas natural hacia sectores urbanos de la meseta.
La situación es aún más crítica en parajes como Los Chihuidos, que por su pequeño tamaño e incomunicación no lograba captar la atención de empresas y gobiernos. Hasta hace poco, la localidad dependía de un motor a combustión para poder tener luz durante la noche. Por su parte, la localidad de Los Catutos debe ir a buscar agua en camión a Zapala con un costo altísimo. En diversos parajes del centro neuquino continúan los problemas de abastecimiento de energía y agua, incluso en zonas que son atravesadas diariamente por la actividad hidrocarburífera.
La provincia exhibe grandes diferencias entre municipios con capacidad de gestión y otros que aún dependen de la asistencia permanente del Estado provincial para sostener su infraestructura elemental. Esta brecha redefine el perfil de la dirigencia que la provincia necesitará en los próximos años. Durante años, el modelo político del Movimiento Popular Neuquino sostuvo la estabilidad bajo el concepto de “paz social”. Ese esquema permitió contener tensiones ampliando estructuras estatales, pero dejó administraciones sobredimensionadas y, en ocasiones, sin planificación para transformaciones aceleradas.
En el escenario actual, ya no alcanzará solamente con administrar recursos abundantes ni con sostener equilibrios políticos tradicionales. La discusión de fondo ya no pasa únicamente por cuánto crece la provincia, sino por cómo se distribuyen las oportunidades de desarrollo. Neuquén atraviesa un momento histórico de expansión económica, pero el verdadero desafío será evitar que esa prosperidad quede concentrada en algunos centros urbanos y productivos. El objetivo final es integrar plenamente a las comunidades que siguen esperando condiciones básicas. La realidad estadística del 31,7% de crecimiento debe traducirse en capacidades de desarrollo para todas las localidades. La planificación suficiente será la herramienta clave para enfrentar el proceso de transformación que hoy atraviesa el territorio neuquino.
